V. I. LENINUN PASO
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NOTA DEL EDITOR
[ - parte 2 - ]
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ll) |
LAS ELECCIONES. FINAL DEL CONGRESO |
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m) |
CUADRO GENERAL DE LA LUCHA EN EL CONGRESO EL |
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n) |
DESPUES DEL CONGRESO. DOS METODOS DE LUCHA |
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ñ) |
PEQUEñOS DISGUSTOS NO DEBEN EMPAZAR UN GRAN |
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o) |
LA NUEVA ISKRA. EL OPORTUNISMO EN LAS CUES- |
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p) |
ALGO SOBRE LA DIALECTICA. DOS REVOLUCIONES |
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ANEXO. EL INCIDENTE DEL CAMARADA GUSIEV CON EL |
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NOTAS [ - parte 2 - ] |
293 | |
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Después de los estatutos, el Congreso aprobó una resolución sobre las organizaciones regionales, una serie de resoluciones sobre diversas organizaciones del Partido y, después de un debate sumamente instructivo sobre el grupo "Iuzhni Rabochi", que he analizado más arriba, pasó a tratar de las elecciones para los organismos centrales del Partido.
   
Ya sabemos que la organización de Iskra, de la que todo el Congreso esperaba una recomendación autorizada, se escindió sobre este punto, pues su minoría quiso probar en el Congreso, en lucha abierta y libre, si conseguía conquistar la mayoría. Sabemos también que, mucho antes del Congreso y en el Congreso, todos los delegados tenían conocimiento del plan de renovar la redacción eligiendo dos tríos para el Organo Central y el Comité Central. Detengámonos en este plan con más detalle para aclarar las discusiones del Congreso.
   
He aquí el texto exacto de mi comentario al proyecto de Tagersordnung del Congreso que exponía este plan*. "El Congreso eligirá tres personas para la redacción del Organo Central y tres para el Comité Central. Estas seis personas juntas, por mayoría de 2/3, completarán en caso necesario el número de miembros de la redacción del Organo Central y
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del Comité Central por cooptación y harán el correspondiente informe ante el Congreso. Cuando el Congreso haya aprobado este informe, la cooptación se hará luego separadamente por la redacción del Organo Central y por el Comité Central".
   
El plan se pone de relieve en este texto del modo más claro e inequívoco: el plan significa que la redacción se renueva con la participación de los dirigentes más influyentes del trabajo práctico. Los dos rasgos de este plán que he señalado los notará en seguida todo el que se tome la molestia de leer con atención el texto insertado. Pero en los tiempos actuales hay que pararse a explicar las cosas más elementales. El plan significa precisamente que la redacción se renueva, y no necesariamente que se amplíe o se rduzca el número de sus miembros, sino precisamente que se renueva, porque se deja en suspenso la cuestión de una posible ampliación o reducción; la cooptación se establece tan sólo para el caso en que sea imprescindible. Entre las hipótesis que diversas personas formularon en lo tocante a esta renovación, hubo también planes de una posible reducción o aumento del número de miembros de la redacción hasta siete (yo mismo he considerado siempre que siete era mucho más conveniente que seis) e incluso hasta once (cosa que yo consideraba posible en caso de una unión pacífica con todas las organizaciones socialdemócratas en general, y de un modo particular con el Bund y con la socialdemocracia polaca). Pero lo más importante, que de ordinario olvidan quienes hablan del "trío", es la exigencia de que los miembros del C.C. tomen luego parte en la solución del problema de la cooptación para el Organo Central. Ni un solo camarada, entre toda la masa de miembros
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de la organización y delegados de la "minoría" en el Congreso que conocían este plan y lo aprobaban (expresando su conformidad bien de un modo explícito, bien con su silencio), se molestó en explicar lo que significaba esa exigencia En primer lugar: ¿por qué se tomaba como punto de partida para renovar la redacción precisamente un trío y sólo un trío? Es evidente que esto carecería en absoluto de sentido, si exclusivamente, o incluso principalmente, se tratara de ampliar ese organismo, si se reconociera que ese organismo era realmente "armónico". Sería extraño que para ampliar un organismo "armónico" no se partiera de su conjunto, sino solamente de una parte de él. Es evidente que no se consideraba a todos los miembros de ese organismo plenamente aptos para tratar y resolver sobre la renovación de su composición personal, sobre la conversión del viejo círculo de redactores en un organismo del Partido. Es evidente que, incluso quien personalmente deseara una renovación en forma de ampliación, reconocía que la vieja composición no era armónica, que no respondía al ideal de organismo del Partido, porque de otro modo no había por qué empezar por reducir los seis a tres para ampliar su número. Repito que esto es de sobra evidente y sólo pudo caer en olvido por haberse encizañado temporalmente el problema con "cuestiones personales".
   
En segundo lugar, por el texto arriba citado se ve que no bastaba ni aun la conformidad de los tres miembros del Organo Central para ampliar el trío. También esto se olvida siempre. Para la cooptación se necesitan dos tercios de seis, es decir, cuatro votos; por tanto, bastaba con que los tres miembros elegidos para el Comité Central presentaran su "veto", para que toda ampliación del trío fuese imposible. Por el contrario, incluso si dos de los tres miembros
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de la redacción del Organo Central estaban en contra de que siguiera la cooptación, ésta podía, sin embargo, realizarse, en caso de estar conformes los tres miembros del C.C. De este modo es evidente que, al convertir el viejo círculo en organismo del Partido, se quería dar el voto decisivo a los dirigentes del trabajo práctico, elegidos por el Congreso. Un hecho muestra qué camaradas teníamos aproximadamente en cuenta al hacerlo: antes del Congreso, la redacción eligió por unanimidad como séptimo miembro al camarada Pavlóvich para el caso de que hubiera que intervenir en el Congreso en nombre de nuestro organismo; además del camarada Pavlóvich, se propuso para el séptimo puesto a un viejo miembro de la organización de Iskra y miembro del Comité de Organización, que luego fue elegido miembro del C. C.
   
Así, pues, el plan de elegir dos tríos tenía, evidentemente, el objeto siguiente: 1) renovar la redacción, 2) borrar en ella algunos rasgos del viejo espíritu de círculo, inadecuado en un organismo del Partido (¡si no hubiera nada que borrar no había por qué inventar el trío como punto inicial!) y, por último, 3) borrar los rasgos "teocráticos" de un organismo de literatos (borrarlos haciendo que destacados militantes prácticos intervinieran en la solución del problema de la ampliación del trío). Este plan, que se puso en conocimiento de todos los redactores, se fundaba, de un modo evidente, en tres años de experiencia de trabajo y respondía, de un modo absolutamente consecuente, a los principios de organización revolucionaria que nosotros ponemos en práctica: en la época de dispersión, cuando apareció Iskra, los diversos grupos se formaban con frecuencia de un modo casual y espontáneo, adoleciendo inevitablemente de ciertas nocivas ma-
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nifestaciones del espíritu de círculo. Crear un partido suponía borrar tales rasgos y exigía que fuesen borrados; era imprescindible la participación de destacados militantes prácticos en dicho organismo, porque algunos miembros de la redacción se ocupaban siempre de asuntos de organización, y en el sistema de organismos del Partido tenía que haber no sólo un organismo de literatos, sino un organismo de dirigentes políticos. Igualmente era natural, desde el punto de vista de la política que siempre había propugnado Iskra, que se diera a elegir al Congreso el trío que debía servir de punto de partida: nosotros preparamos el Congreso con extremo cuidado, en espera de que se aclararan totalmente los problemas de principio que estaban en discusión en cuanto al programa, a la táctica y organización; no dudábamos de que el Congreso serfa un congreso iskrista, en el sentido de que la inmensa mayoría se solidarizaría en estos problemas fundamentales (cosa que demuestran también, en parte, las resoluciones por las que se reconocía a Iskra como órgano dirigente); por ello mismo, teníamos que permitir a los camaradas sobre cuyos hombros había pesado toda la labor de difusión de las ideas de Iskra y de preparación de su conversión en Partido, que ellos mismos resolvieran quiénes eran los candidatos más aptos para el nuevo organismo del Partido. Sólo este carácter natural del plan de los "dos tríos", sólo el hecho de que respondiera plenamente a toda la política de Iskra y a todo lo que sabía de Iskra quien tuviera la más mínima relacion con el trabajo, puede explicar que el plan mereciera la aprobación general y que no hubiera ningún otro plan que le hiciera competencia.
   
Y he aquí que en el Congreso el camarada Rúsov propone ante todo que se elijan los dos tríos. Los partidarios de Mártov, el cual nos había comunicado por escrito la relación
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que existía entre este plan y la falsa acusación de oportunismo, ni siquiera pensaron, sin embargo, en reducir la discusión sobre los seis y los tres al problema sobre la corrección o in corrección de semejante acusación. ¡Ni uno de ellos lo men cionó siquiera! Ni uno de ellos se atrevió a decir ni una palabra acerca de la diferencia de principio en los matices relacionados con los seis y los tres. Prefirieron un procedimiento más corriente y más barato: apelar a la lástima, hablar de un posible agravio, fingir que el problema de la redacción estaba ya resuelto al dar a Iskra el título de Organo Central. Este último argumento, utilizado por el camarada Koltzov contra el camarada Rúsov, es manifiestamente falso. En el orden del día del Congreso figuraban -- y desde luego no por casualidad -- dos puntos especiales (v. pág. 10 de las actas): p. 4, "El Organo Central del Partido", y p. 18, "Elecciones al C.C. y a la redacción- del Organo Central". Eso, en primer lugar. En segundo lugar, al designar el Organo Central, todos los delegados declararon categóricamente que con ello no se confirmaba la redacción, sino sólo la orientación* y no hubo protesta alguna contra tales declaraciones.
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Por tanto, al decir que, por aprobar un órgano determinado, el Congreso, en el fondo, había confirmado ya también con ello mismo a la redacción -- cosa que dijeron muchas veces los partidarios de la minoría (Koltzov, pág. 321; Posadovski, idem; Popov, pág. 322, y muchos otros) --, se incurría de hecho en una falsedad. De un modo evidente para todos, se trataba de una maniobra que encubria el abandono de las posiciones ocupadas cuando todos podían adoptar todavía una actitud realmente imparcial en lo que se refería a la composición de los organismos centrales. El abandono no podía justificarse, ni por motivos de principio (porque plantear en el Congreso la cuestión de la "falsa acusación de oportunismo" era demasiado desventajoso para la minoría, que no dijo ni una palabra de ello ), ni alegando hechos acerca de la efectiva capacidad de trabajo de los seis o los tres (porque sólo el tocar esos hechos hubiera acumulado una montaña de pruebas en contra de la minoría) Tuvieron que salir del paso con las frases sobre el "todo armónico", sobre la "colectividad armónica", o sobre la "armonía y la integridad cristalina del todo", etc. No es de extrañar que semejantes argumentos fueran inmediatamente llamados por su nombre: "palabras lastimeras " (pág. 328). El mismo plan del trío era ya un testimonio evidente de la falta de "armonía", y las impresiones recogidas por los delegados en el transcurso de más de un mes de trabajo en común les proporcionaron evidentemente una gran cantidad de datos para que pudieran juzgar de un modo independiente. Cuando el camarada Posadovski aludió a estos datos (de un modo imprudente e irreflexivo, desde su punto de vista: v. págs. 321 y 325 sobre el
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uso "condicional" que hace de la palabra "asperezas"), el camarada Muraviov declaró francamente: "A mi juicio, la mayoría del Congreso ve con toda claridad en el momento actual que indudablemente existen tales[*] asperezas" (pág. 321). La minoría tuvo a bien entender la palabra "asperezas" (que puso en circulación Posadovski, y no Muraviov) exclusivamente en el sentido de algo personal, sin decidirse a recoger el guante arrojado por el camarada Muraviov, sin decidirse a exponer ni un solo argumento que en realidad sirviera para defender a los seis. Resultó una discusión archicómica, por su esterilidad: la mayoría (por boca del camarada Muraviov) dice que ve con toda claridad lo que actualmente significan los seis y los tres, y la minoría se empeña en no oírlo y afirma que "no tenemos la posibilidad de entrar en análisis". La mayoría no sólo considera que se puede entrar en análisis, sino que ella ya "ha entrado en análisis", y habla de los re sultados de este análisis, absolutamente claros para ella; la minoría, por lo visto, tiene miedo al análisis, y se defiende tan sólo con "palabras lastimeras". La mayoría aconseja "que se tenga en cuenta que nuestro Organo Central no es meramente un grupo literario", la mayoría "quiere que figuren al frente del Organo Central personas perfectamente de terminadas, conocidas del Congreso, personas que respondan a las condiciones de que he hablado" (es decir, a condiciones no solamente literarias, pág. 327, discurso del camarada Lan-
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gue). Tampoco esta vez se decide la minoría a recoger el guante y no dice ni una palabra sobre quien pueda ser, a su juicio, apto para un organismo de dirección colectiva que no sea sólo literario, quién pueda ser la persona "perfectamente determinada y conocida del Congreso". La minoría sigue atrincherándose tras la tan decantada "armonía". Y aún más: la minoría llega a utilizar argumentos que son absolutamente falsos en principio y que por elío, y con justa razón, son enérgicamente desechados. "El Congreso -- ¡figuráos! -- no tiene derecho moral ni político para modificar la composición de la redacción" (Trotski, pág. 326), "ésta es una cuestión demasiado delicada [¡sic!] " (el mismo orador); "¿qué actitud deberán adoptar los miembros de la redacción no elegidos ante el hecho de que el Congreso no desea verlos más entre los componentes de la redacción? " (Tsariov, pág. 324)*.
   
Semejantes argumentos transferían ya plenamente la cuestión al terreno de la lástima y de los agravios, reconociendo así abiertamente la bancarrota en el terreno de los argumentos efectivamente de principio, efectivamente políticos. Y la mayoría caracterizó al instante este modo de plantear el problema con la palabra que le cuadraba: filisteísmo (el camarada Rúsov). "En boca de revoíucionarios -- dijo el camarada Rúsov con razón --, se oyen palabras extrañas, que están en completa desarmonía con el concepto de trabajo de partido, de ética de partido. El argumento fundamental de los adversarios de la elección de tríos se reduce a un punto de vista puramente filisteo sobre los asuntos del Partido [todo el
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subrayado es mío]. . . Colocándonos en este punto de vista, que no es de partido, sino filisteo, nos encontraremos en cada elección ante el problema de si se ofenderá Petrov porque no le han elegido a él, sino a Ivanov, de si se ofenderá determinado miembro del Comité de Organización, porque no ha sido elegido él, sino otro para el C.C. ¿Adónde nos llevará todo esto, camaradas? Si nos hemos reunido aquí, no para dirigirnos mutuamente discursos agradables, ternuras filisteas, sino para formar un partido, no podemos en modo alguno estar conformes con semejante punto de vista. Se trata de elegir funcionarios y no puede plantearse la cuestión de falta de confianza hacia ninguno de los no elegidos, sino sólo del bien de la causa y lo adecuado de la persona elegida para el cargo de que se trate " (pág. 325).
   
A todo el que quiera entender por sí mismo los motivos de la escisión del Partido y llegar a sus raíces en el Congreso, le aconsejaríamos que leyera y releyera el discurso del camarada Rúsov, cuyos argumentos no sólo no refutó la minoría, sino que ni siquiera los puso en discusión. Por lo demás, tampoco pueden ponerse en duda verdades tan elementales y primarias, cuyo olvido explicó ya el mismo camarada Rúsov, con razón, sólo por "excitación nerviosa ". Y ésta es, efectivamente, para la minoría la explicación menos desagradable del hecho de que haya podido pasar del punto de vista del Partido al punto de vista del espíritu filisteo y de círculos*.
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Pero la minoría estaba hasta tal punto imposibilitada de buscar argumentos razonables y serios contra las elecciones,
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que, además de poner espíritu filisteo en un asunto de partido, llegó a procedimientos de carácter francamente escandaloso. En efecto, ¿qué otro calificativo puede darse al proce dimiento que empleó el camarada Popov cuando aconsejó al camarada Muraviov "que no aceptara encargos delicados" (pág. 322)? ¿Qué es esto sino "indagar en conciencia ajena", según dijo con razón el camarada Sorokin (pág. 328)? ¿Qué es esto sino especular con "ofensas personales " cuando faltan argumentos políticos? ¿Tenía o no razón el camarada Sorokin al decir que "siempre hemos protestado contra procedimientos semejantes"? "¿Es admisible la conducta del camarada Deich, que de un modo ostensible trató de poner en la picota a los camaradas que no estaban conformes con él?"* (pág. 328).
   
Resumamos los debates sobre la redacción. La minoría no refutó (ni intentó refutar) las numerosas indicaciones de la mayoría sobre el hecho de que los delegados conocían el pro-
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yecto del trío en el comienzo del Congreso y antes del Congreso y de que, por consiguiente, aquel proyecto se basaba en consideraciones y datos que no dependían de lo que sucediera ni de lo que se discutiera en el Congreso. Al defender a los seis, la minoría mantenía la posición de las consideraciones filisteas, falsa e inadmisible en principio. La minoría demostró haber olvidado plenamente el punto de vista del Partido en la elección de funcionarios sin intentar siquiera valorar a cada candidato, saber si era o no adecuado a las funciones del cargo. La minoría evitaba tratar el problema a fondo, aduciendo la tan decantada "armonía", "derramando lágrimas", "tomando actitudes patéticas" (pág. 327, discurso de Langue), como si se tratara de "matar" a alguien. Llegó la minoría a "indagar en conciencia ajena ", a clamar que las elecciones eran "criminales" y a otros procedimientos igualmente inadmisibles, bajo la influencia de la "excitación nerviosa " (pág. 325).
   
La lucha del espíritu filisteo contra el espíritu de partido, de las "cuestiones personales " del peor gusto contra las consideraciones políticas, de palabras lastimeras contra los conceptos más elementales del deber revolucionario : eso es lo que fue la lucha por los seis y los tres en la sesión 30 de nuestro Congreso.
   
Y también en la sesión 31, cuando, por una mayoría de 19 votos contra 17, con tres abstenciones, el Congreso rechazó la proposición de confirmar toda la redacción antigua (v. pág. 330 y la fe de erratas ), y cuando los antiguos redactores volvieron al salón de sesiones, el camarada Mártov, en su "declaración en nombre de la mayoría de la antigua redacción" (págs. 330-331), mostró en proporciones aún más considerables las mismas vacilaciones y la misma falta de firmeza en su posición política y en sus conceptos políticos. Examinemos
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en detalle cada uno de los puntos de la declaración colectiva y de mi respuesta (págs. 332-333) a la misma.
   
"Desde ahora -- dice el camarada Mártov cuando la antigua redacción no ha sido confirmada --, no existe ya la vieja Iskra, y seria más consecuente que cambiara su nombre De todos modos, en el nuevo acuerdo del Congreso vemos una limitación sustancial del voto de confianza que se dio a Iskra en una de las primeras sesiones del Congreso".
   
El camarada Mártov, con sus colegas, plantea un problema realmente interesante e instructivo en muchos sentidos: el de la consecuencia política. Ya contesté a esto remitiéndome a lo que todos habían dicho cuando se confirmó a Iskra (pág. 349 de las actas: cfr. más arriba, pág. 82)*. Indudablemente, estamos en presencia de uno dé los casos más flagrantes de inconsecuencia política; el lector dirá por parte de quién: si por parte de la mayoría del Congreso o por parte de la mayoría de la antigua redacción. Y dejaremos también que el lector resuelva otras dos cuestiones, muy oportunamente planteadas por el camarada Mártov y sus colegas: 1) ¿es un punto de vista filisteo o de partido el que se manifiesta en el deseo de ver una "limitación del voto de confianza a Iskra en la resolución del Congreso de elegir funcionarios para la redacción del Organo Central? 2) ¿En qué momento deja realmente de existir la vieja Iskra ": desde el número 46, cuando empezamos a dirigirla los dos con Plejánov, o desde el número 53, en que empezó a dirigirla la mayoría de la antigua redacción? Mientras que la primera pregunta es un interesantisimo problema de principio, la segunda es una interesantisima cuestión de hechos.
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"Como ahora se ha acordado -- continúa el camarada Mártov -- elegir una redacción de tres personas, yo declaro, en nombre propio y en el de mis otros tres camaradas, que ninguno de nosotros formará parte de esa nueva redacción. Por lo que a mí personalmente se refiere, añadiré que si es verdad que algunos camaradas han querido inscribir mi nombre entre los candidatos a ese 'trío' me veo obligado a ver en ello una ofensa que no he merecido [ˇsic!]. Lo digo por las circunstancias que han acompañado a la decisión de modificar la redacción. Se llegó a este acuerdo por ciertos 'rozamientos'*, por la incapacidad de la antigua redacción para actuar, habiendo resuelto, además, el Congreso este problema en determinado-sentido sin preguntar a la redacción sobre esos rozamientos y sin nombrar siquiera una comisión para poner en claro eso de su incapacidad de actuar. . . [¡Lo extraño es que a nadie de la minoría se le ocurriera proponer al Congreso que "preguntara a la redacción" o que nombrara una comisiónl ¿No se deberá esto a que, después de la escisión de la organización de Iskra y del fracaso de las negociacio-
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nes, sobre las que han escrito los camaradas Mártov y Starovier, no hubiera tenido objeto alguno?]. . . En semejantes circunstancias tengo que considerar como una mancha en mi reputación política* la conjetura de algunos camaradas de que yo consentiría en trabajar en la redacción reformada de esta manera. . ."
   
He citado con toda intención el texto completo de este razonamiento, para que el lector pudiera ver el ejemplo y principio de lo que llegó a espléndida floración después del Congreso y que no puede llamarse de otro modo que querella. Ya he empleado esta expresión en mi "Carta a la redacción de Iskra " y, a pesar del disgusto de la redacción, me veo obligado a usarla de nuevo, porque su exactitud es indiscutible. Se equivocan los que piensan que tales querellas suponen "motivos bajos" (según la conclusión a que ha llegado la redacción de la nueva Iskra ): todo revolucionario que conoz-
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ca algo nuestras colonias de desterrados y emigrados ha visto, seguramente, decenas de casos de semejantes querellas, en que se planteaban y se examinaban hasta la saciedad las más absurdas acusaciones, sospechas, autoacusaciones, "cuestiones personales", etc., querellas a las que daba lugar la "excitación nerviosa" y unas condiciones de vida anormales, viciadas. Ninguna persona razonable tratará de buscar a toda costa en semejantes querellas motivos bajos, por bajas que sean sus manifestaciones. Porque precisamente la "excitación nerviosa" es lo único que puede explicar ese embrollado ovillo de absurdos, de cuestiones personales, de fantásticos horrores, de pesquisas en conciencias ajenas, de atormentadas ofensas e imputaciones que es el párrafo del discurso del camarada Mártov que acabo de reproducir. Las condiciones de vida viciadas engendran entre nosotros, a centenares, semejantes querellas, y un partido político no sería merecedor de respeta si no supiera dar a la enfermedad que padece su verdadero nombre, sentar un diagnóstico despiadado y buscar el medio de curarse.
   
Por cuanto puede distinguirse en ese ovillo algo de principios, se ha de llegar inevítablemente a la conclusión de que "las elecciones no tenían nada de común con una ofensa inferida a la reputación política", que "negar el derecho del Congreso a realizar nuevas elecciones, a introducir cualquier modificación en el número de funcionarios, a seleccionar los organismos a quienes otorga poderes" significa embrollar la cuestión, y que "el punto de vista del camarada Mártov referente a si era admisible el elegir parte del antiguo organis mo, demostraba una enorme confusión de conceptos políticos " (según dije en el Congreso, pág. 332)*.
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Hago caso omiso de la observación "personal" del camarada Mártov sobre la persona de quien partió el plan del trío y paso a la característica "política" que dio del sentido que tiene el hecho de no haber sido confirmada la antigua redacción: ". . . Lo que acaba de suceder es el último acto de la lucha que se ha desarrollado a lo largo de la segunda mitad del Congreso. . . [¡Muy bien! Y esa segunda mitad empieza desde el momento en que Mártov, en lo tocante al artículo primero de los estatutos, cae en el apretado abrazo del camarada Akímov]. . . Para nadie es un secreto que en esta reforma no se trata de 'capacidad de trabajo', sino de una lucha por la influencia sobre el C.C. . . ." [En primer lugar, para nadie es un secreto que se trataba tanto de la ca pacidad de trabajo, como de una divergencia por la composición personal del C.C., porque el plan de la "reforma" se propuso cuando aún no podía ni hablarse de la segunda divergencia, ¡cuando, juntamente con el camarada Mártov, elegimos como séptimo miembro de la redacción al camarada Pavlóvich! En segundo lugar, ya hemos demostrado a base de datos documentales que se trataba de la composición personal del C.C. y que, à fin des fins la cosa se redujo a una diferencia de listas: Gliébov-Travinski-Popov y Gliébov-Trotski-Popov]. . . "La mayoría de la redacción ha hecho ver que no desea que el C.C. se convierta en un instrumento de la redacción. . ." [Empieza la canción de Akímov: el problema de la influencia, por la que lucha toda mayoría en todo congreso de partido, siempre y en todas partes, para consolidar esta influencia con la mayoría en los organismos centrales, pasa al terreno del chisme oportunista con lo de "instrumento" de la redacción, lo de "mero apéndice " de la redacción, según dijo el mismo camarada Mártov un poco después, pág. 334]. . . "Por este motivo ha sido necesario redu-
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cir el número de miembros de la redacción [!!]. Y por eso mismo, no puedo yo entrar a formar parte de semejante redacción. . ." [Fijaos bien en este "por eso mismo": ¿cómo hubiera pódido la redacción convertir al C.C. en apéndice o instrumento? ¿Tan sólo en el caso de tener tres votos en el Consejo y de abusar de este predominio? ¿No está claro? ¿Y no está igualmente bien claro que el camarada Mártov, elegido como tercer miembro, siempre hubiera podido impedir cualquier abuso y deshacer, con su solo voto, todo predominio de la redacción en el Consejo? Por tanto, la cosa se reduce precisamente a la composición personal del C.C., y al punto queda bien claro que lo del instrumento y el apéndice son meros chismes ]. . . "Como la mayoría de la antigua redacción, yo pensaba que el Congreso pondría término al "estado de sitio" dentro del Partido y establecería en él un régimen normal. En la práctica, el estado de sitio, con las leyes de excepción contra algunos grupos, se ha prorrogado e incluso agudizado. Sólo con el conjunto de toda la antigua redacción podemos garantizar que las facultades que los estatutos conceden a la redacción no se utilizarán en perjuicio del Partido. . ."
   
Tal es el pasaje completo del discurso del camarada Mártov en que lanzó por primera vez la tristemente célebre con signa del "estado de sitio ". Y ahora ved mi contestación:
   
". . . Al corregir la declaración de Mártov sobre el carácter particular de los dos trios, ni se me ocurre, sin embargo, oponerme a lo que el mismo Mártov dice sobre la 'significación política' del paso que hemos dado al no confirmar la antigua redacción. Por el contrario, estoy plena e incondicionalmente de acuerdo con el camarada Mártov en que este paso tiene gran importancia política, pero no en el sentido que le atribuye Mártov. Según él dice, es un acto de la lucha por la influencia sobre el C.C. en Rusia. Voy a ir más lejos que Mártov. Lucha por la influencia ha sido hasta ahora toda la actuación de Iskra como grupo particular, y
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ahora se trata ya de algo más, de afirmar orgánicamente la influencia, y no solo de luchar por ella. La profundidad de nuestra divergencia política con el camarada Mártov sobre este punto se ve claramente cuando él me echa en cara este deseo de influir sobre el C.C., mientras yo me precio de haber procurado y de seguir procurando afirmar por la vía de organización, esta influencia. Resulta que hasta hablamos lenguajes diferentes. ¿De qué serviria todo nuestro trabajo, todos nuestros esfuerzos, si viniera a coronarlos la misma vieja lucha por la influencia, y no la influencia plenamente adquirida y afirmada? Si, el camarada Mártov tiene completa razón: el paso dado es indudablemente un paso de gran importancia política, prueba de que se ha elegido una de las tendencias que en la actualidad se han señalado para el trabajo ulterior de nuestro Partido. Y a mí no me asustan lo más minimo las terribles palabras de 'estado de sitio en el Partido', de 'leyes de excepción contra determinadas personas y grupos', etc. Respecto a los elementos vacilantes y poco firmes, no sólo podemos, sino que estamos obligados a declarar el 'estado de sitio', y todos los estatutos de nuestro Partido, todo nuestro centralismo desde ahora ratificado por el Congreso no es sino el 'estado de sitio' para tan numerosas fuentes de vaguedad política. Y precisamente contra la vaguedad es contra lo que hacen falta leyes especiales, aunque sean de excepción, y el paso dado por el Congreso ha señalado con acierto la dirección política a seguir, estableciendo una sólida base para tales leyes y tales medidas"[*].
   
He subrayado en este resumen de mi discurso en el Congreso la frase que el camarada Mártov, en su "Estado de sitio " (pág. 16) ha preferido omitir. No es de extrañar que esta frase no le agradara y que no quisiera comprender sy claro sentido.
   
¿Qué significa la expresión "terribles palabras", camarada Mártov?
   
Es una burla, una burla dirigida contra quien da grandes nombres a cosas pequeñas, contra quien embrolla una cuestión sencilla con verborrea pretenciosa.
   
El único hecho, pequeño y sencillo, que pudo dar y dio motivo a la "excitación nerviosa" del camarada Mártov consis-
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tía exclusivamente en que el camarada Mártov había sido derrotado en el Congreso en el problema de la composición personal de los organismos centrales. La significación política de este sencillo hecho se cifraba en que la mayoría del Congreso del Partido, habiendo triunfado, afirmaba su influencia estableciendo igualmente la mayoría en la dirección del Partido, sentando, en el terreno de la organización, una base para la lucha, por medio de los estatutos, contra lo que esa mayoría consideraba falta de firmeza, inestabilidad y vaguedad*. Hablar a este propósito, con un semblante de horror, de una "lucha por la influencia" y quejarse del "estado de sitio" no sería más que verborrea pretenciosa, terribles palabras.
   
¿No está de acuerdo con esto el camarada Mártov? ¿Por qué no intenta demostrarnos si ha habido en el mundo un congreso de partido, si es posible en general un congreso de partido en que la mayoría no afirme la influencia que ha conquistado: 1) estableciendo la misma mayoría en los organismos centrales, 2) dándole poderes para neutralizar la falta de firmeza, la inestabilidad y la vaguedad?
   
Antes de las elecciones, nuestro Congreso tenía que resolver un problema: ¿era a la mayoría o a la minoría del Partido a quien se debía reservar el tercio de los votos para el
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C.C. y para el Organo Central? Los seis y la lista del camarada Mártov significaban que el tercio nos correspondía a nosotros y los dos tercios a sus partidarios. El trío para el Organo Central y nuestra lista significaban que nosotros teníamos dos tercios y un tercio los partidarios del camarada Mártov. El camarada Mártov se negó a llegar a un acuerdo con nosotros o a ceder y nos llamó a combate, por escrito, ante el Congreso: ¡derrotado ante ei Congreso, se echó a llorar y empezó a quejarse del "estado de sitio"! ¿No es esto querella? ¿No es esto una nueva manifestación de flojedad propia de intelectuales?
   
No podemos menos de recordar, con este motivo, la brillante definición psicológico-social que hace poco ha dado C. Kautsky de esta última cualidad. Los Partidos socialdemócratas de diversos países tienen que padecer muchas veces, en la actualidad, las mismas enfermedades, y nos es sumamente útil aprender de los camaradas que tienen más experiencia el diagnóstico justo y el tratamiento acertado. Por ello, la característica que C. Kautsky hace de ciertos intelectuales no nos apartará sino en apariencia de nuestro tema.
   
". . . En el momento actual presenta de nuevo un vivo interés para nosotros el problema del antagonismo entre los intelectuales* y el proletariado. Mis colegas [el mismo Kautsky es intelectual, literato y redactor] se indignarán en muchos casos al ver que yo reconozco este antagonismo. Pero es que existe de hecho, y la táctica más absurda (tanto aquí, como en otros casos) sería intentar deshacerse de él negando un hecho. Este antagonismo es un antagonismo social, que se manifiesta en las clases, y
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no en individuos aislados. Lo mismo que un capitalista, un intelectual puede, individualmente, incorporarse de lleno a la lucha de clase del proletariado. Cuando esto sucede, el intelectual cambia asimismo de carácter. En lo que sigue no trataré, principalmente, de este tipo de intelectuales, que siguen constituyeqdo aún excepciones en su clase. En lo que sigue, cuando no hay una advertencia especial en contra, no entiendo por intelectual sino al intelectual común, que se coloca en el terreno de la sociedad burguesa, representante característico de la clase intelectual. Esta clase se mantiene en cierto antagonismo respecto al proletariado.
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. . . La filosofía de Nietzsche, con su culto del superhombre, para el que todo se reduce a asegurarse el pleno desarrollo de su propia personalidad, al que parece vil y despreciable toda sumisión de su persona a cualquier gran fin social, esta filosofía es la verdadera concepción del mundo del intelectual, que le inutiliza en absoluto para tomar parte en la lucha de clase del proletariado.
   
Y precisamente uno de estos lloriqueos blandengues de intelectual en minoría, y nada más, fue la renuncia de Mártov
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y sus colegas al cargo, sólo porque no se había aprobado eí antiguo círculo: y lo mismo puede decirse de las lamentaciones sobre el estado de sitio y las leyes de excepción "contra determinados grupos", que a Mártov no le merecieron aprecio cuando se disolvieron los grupos "Iuzhni Rabochi" y "Rabócheie Dielo", pero por los que cobró gran estima cuando se disolvió su organización.
   
Y nada más que lloriqueo blandengue de intelectuales en minoría fue todo ese sinfín de quejas, recriminaciones, alusiones, acusaciones, chismes e insinuaciones sobre la "compacta mayoría" que, como un río, inundaron todo nuestro Congreso del Partido[*] (y aún crecieron más después de él) por obra y gracia de Mártov.
   
La minoría se quejaba amargamente de que la compacta mayoría tuviera sus reuniones privadas: de algún modo, en verdad, tenía que encubrir la minoría la desagradable realidad de que los delegados que ella invitaba a sus reuniones particulares se negaban a concurrir a ellas, y los que hubieran ido con gusto (los Iegórov, los Májov, los Brúker) no podían ser invitados por la minoría después de toda la lucha entre unos y otros en el Congreso.
   
Se quejaban amargamente de la "falsa acusación de oportunismo": de algún modo, en verdad, tenían que encubrir la desagradable realidad de que precisamente los oportunistas, que con mucha más frecuencia seguían a los antiiskristas, y en parte, estos mismos antiiskristas formaban la compacta minoría y se aferraban obstinadamente al mantenimiento del espíritu de círculo en los organismos, del oportunismo en los razonamientos, del espíritu filisteo en los asuntos de parti-
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do, de la falta de firmeza y de la blandenguería propia de intelectuales.
   
En el apartado siguiente veremos qué es lo que explicaba el interesantísimo hecho político de que, al final del Congreso, se formara una "compacta mayoría" y de que la minoría, a pesar de las repetidas invitaciones, tuviera tal empeño en dejar a un lado el problema de las causas y la historia de su formación. Pero vamos primero a terminar el análisis de los debates en el Congreso.
   
Durante las elecciones para el C.C., el camarada Mártov propuso una resolución extraordinariamente característica (pág. 336) cuyos tres rasgos fundamentales he llamado yo algunas veces "mate en tres jugadas". He aquí estos rasgos: 1) se votan listas de candidatos para el C.C. y no candidaturas individuales; 2) después de leídas las listas se dejan pasar dos sesiones (por lo visto, para discutirlas); 3) no habiendo mayoría absoluta, la segunda votación se declara definitiva. Esta resolución es de una estrategia admirablemente medita da (¡también al adversario hay que hacerle justicia!), con la que no está de acuerdo el camarada Iegórov (pág. 337), pero que seguramente hubiera dado un completo triunfo a Mártov, si el grupo de los siete formado por los bundistas y los partidarios de "Rabócheie Dielo" no se hubieran retirado del Congreso. La estrategia se explica precisamente porque no había ni podía "acuerdo directo" de la minoría iskrista (como la había de la mayoría iskrista) no sólo con el Bund y con Brúker, sino ni siquiera con camaradas como los legórov y los Májov.
   
Recordad que el camarada Mártov se dolió en el Congreso de la Liga de que la "falsa acusación de oportunismo" supusiera un acuerdo directo entre él y el Bund. Repito que fue el miedo lo que inspiró al camarada Mártov esa idea, y
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precisamente el no estar conforme el camdrada Iegórov con la votación de las listas (el camarada Iegórov "no había perdido aún sus principios", probablemente los principios que le llevaron a unirse a Goldblat en la apreciación del valor absoluto de las garantías democráticas) derriuestra de un modo evidente qué enorme importancia tiene el hecho de que no se pudiera ni hablar de "acuerdo directo" ni aún con Iegórov. Pero podía haber y había coalición tanto con Iegórov como con Brúker, coalición en el sentido de que los martovistas tenían asegurado su apoyo cada vez que surgía un conflicto serio entre los martovistas y nosotros, y cuando Akímov y sus amigos tenían que escoger el mal menor. No cabía ni cabe la menor duda de que, como mal menor, como lo que menos convenía a los fines iskristas (v. el discurso de Akímov sobre el artículo primero y sus "esperanzas" en Mártov), los camaradas Akímov y Líber hubieran elegido, desde luego, tanto a los seis para el Organo Central, como la lista de Mártov para el C.C. La votación por listas, el dejar pasar las dos sesiones y la nueva votación tenían precisamente por objeto conseguir este resultado con precisión casi mecánica, sin ningún acuerdo directo.
   
Pero como nuestra compacta mayoría seguía siendo mayoría compacta, el rodeo del camarada Mártov no era sino un entorpecimiento y nosotros no pudimos menos de rechazarlo. La minoría, por escrito (en una declaración, pág. 341), desahogó sus quejas y, siguiendo el ejemplo de Martínov y Akímov, se negó a votar y a tomar parte en las elecciones para el C.C. "en vista de las condiciones en que se celebraban". Después del Congreso, estas quejas sobre las condiciones anormales de las elecciones (v. "El estado de sitio", pág. 31) se derramaron a diestro y siniestro ante centenares de coma tres del Partido. Pero, ¿en qué consistía la anormalidad?
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¿En la votación seSreta, prevista ya de antemano por el reglamento del Congreso (apart. 6, pág. 11 de las actas) y en la que era ridículo ver "hipocresía" o "injusticia"? ¿En la formación de una mayoría compacta, "monstruosa" para los intelectuales dados al lloriqueo? ¿O en el anormal deseo de estos respetables intelectuales de faltar a la palabra de reconocer todas las elecciones del Congreso, palabra que ellos habían empeñado ante el mismo Congreso (pág. 380, artículo 8 de los estatutos del Congreso)?
   
El camarada Popov hizo una fina alusión a este deseo cuando, el día de las elecciones, preguntó directamente en el Congreso: "¿Está seguro el Buró de que la decisión del Congreso es legítima y válida cuando la mitad de los participantes en él se han negado a votar?"*. El Buró, naturalmente, contestó que estaba seguro y recordó el incidente con los camaradas Akímov y Martínov. El camarada Mártov se adhirió al Buró y declaró terminantemente que el camarada Popov se equivocaba y que "las decisiones del Congreso son legítimas " (pág. 343). El lector puede juzgar por sí mismo de la consecuencia política -- por lo visto, altamente normal -- que resulta al confrontar semejante declaración ante el Partido con la conducta seguida después del Congreso y con la frase de "El estado de sitio" sobre "la sublevación de la mitad del Partido, que había empezado ya en el Congreso " (pág. 20). Las esperanzas que en el camárada Mártov cifraba el camarada Akímov resultaron ser más fuertes que las pasajeras buenas intenciones del mismo Mártov.
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¡"Venciste ", camarada Akímov!
   
Algunos detalles del final del Congreso, de aquel final que tuvo lugar después de las elecciones, detalles aparentemente menudos, pero que, en el fondo, son muy importantes, pueden servirnos para comprender hasta qué punto era "terrible palabra" la tristemente célebre frase del "estado de sitio", que ha adquirido ya para siempre un sentido tragicómico. El camarada Mártov anda ahora por todas partes hablando de ese tragicómico "estado de sitio", afirmando muy en serio, a sí mismo y al lector, que ese espantajo inventado por él significaba una persecución anormal, un acoso, un atropello de la "minoría" por la "mayoría". En seguida vamos a ver lo que sucedió después del Congreso. Pero básta fijarse in cluso en el final del Congreso para ver que, después de las elecciones, no sólo no persigue la "compacta mayoría" a los pobrecitos martovistas, atropellados, ofendidos y llevados al patíbulo, sino que, al contrario, les ofrece (por boca de Liádov) ella misma dos puestos, de tres, en la comisión de actas (pág. 354). Fijáos en las resoluciones sobre problemas de táctica y sobre otros puntos (pág. 355 y siguientes) y veréis que fueron discutidos en sí mismos de un modo puramente oficial y que las firmas de los camaradas que proponían resoluciones corresponden muchas veces alternativamente tanto a representantes de la monstruosa y compacta "mayoría", como a partidarios de la "humillada y ofendida" "minoría" (págs. 355, 357, 363, 36S, 367 de las actas). ¿Verdad que se parece esto mucho a un "apartamiento del trabajo" y a todos los demás "atropellos"?
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La única discusión de fondo interesante, pero por desgracia demasiado breve, surgió con motivo de la resolución de Starovier sobre los liberales. El Congreso la aprobó, según puede verse por las firmas que figuran a su pie (págs. 357, 358), porque tres partidarios de la "mayoría" (Braun, Orlov, Osipov[13]) votaron tanto por ella, como por la resolución de Plejánov, sin percatarse de la irreductible contradicción que existía entre ambas. A primera vista, no hay entre ellas contradicción irreductible, porque la de Plejánov establece un principio general, expresa una determinada actitud de principios y táctica respecto al liberalismo burgués en Rusia, y la de Starovier trata de determinar las condiciones concretas en que son posibles "acuerdos temporales " con "tendencias liberales o democrático-liberales". Ambas resoluciones tienen temas distintos. Pero la de Starovier adolece precisamente de vaguedad política, siendo por ello fútil y mezquina. No determina el contenido de clase del liberalismo ruso, no indica determinadas tendencias políticas que le sirven de expresión, no explica al proletariado sus tareas fundamentales en propaganda y agitación respecto a estas tendencias determinadas, confunde (a consecuencia de su vaguedad) cosas tan distintas como el movimiento estudiantil y "Osvobozhdenie", prescribe con cierta nimiedad, de un modo casuístico, tres condiciones concretas en las que pueden admitirse los "acuerdos temporales". La vaguedad política, también en este caso, como en muchos otros, conduce a la casuística. La falta de un principio general y el intento de enumerar las "condiciones" lleva a que éstas se indiquen de un modo mezquino y, rigurosamente hablando, inexacto. En efecto, ved esas tres condiciones de Starovier: 1) "Las tendencias liberales o de mocrático-liberales" deben "decir de un modo claro e inequívoco que en su lucha contra el Gobierno autócrata se colocan
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resueltamente al lado de la socialdemocracia de Rusia". ¿En qué consiste la diferencia existente entre las tendencias liberales y las tendencias democrático-liberales? La resolución no contiene dato alguno que permita contestar a esta pregunta ¿No consistirá la diferencia en que las tendencias liberales expresan la posición de las capas de la burguesía políticamente menos progresivas, mientras que las tendencias democrático-liberales expresan la posición de las capas más progresivas de la burguesía y de la pequeña burguesía? Si es así ¿¿acaso el camarada Starovier considera posible que las capas menos progresivas (pero, no obstante, progresivas, porque de otro modo no cabría hablar de liberalismo) de la burguesía "se pondrán resueltamente al lado de la socialdemocracia"?? Esto es un absurdo, y aun cuando los representantes de semejante tendencia "lo dijeran de un modo claro e inequívoco " (hipótesis absolutamente imposible), nosotros, Partido del proletariado, estaríamos obligados a no dar crédito a sus declaraciones. Ser liberal y ponerse resueltamente al lado de la socialdemocracia son cosas que se excluyen mutuamente.
   
Y aún más. Supongamos el caso de que las "tendencias liberales o democrático-liberales" declaren de un modo claro e inequívoco que, en su lucha contra la autocracia, se ponen resueltamente al lado de los socialrevolucionarios. Esta hipótesis es mucho menos inverosímil que la del camarada Starovier (en virtud del fondo democrático-burgués de la tendencia de los socialrevolucionarios). Por el sentido de su resolución, en virtud de su vaguedad y carácter casuístico, resulta que en tal caso no son admisibles acuerdos temporales con semejantes liberales. Y, sin embargo, esta consecuencia inevitable de la resolución del camarada Starovier lleva a una tesis francamente falsa. Los acuerdos temporales son
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también admisibles con los socialrevolucionarios (v. la resolución del Congreso sobre ellos), y, por consiguiente, con los Iiberales que se pusieran al lado dé los socialrevolucionarios.
   
Segunda condición: si dichas tendencias "no incluyen en sus programas reivindicaciones que estén en pugna con los intereses de la clase obrera y de la democracia en general, o reivindicaciones que oscurezcan su conciencia". Se repite el mismo error: no ha habido ni puede haber tendencias democrático-liberales que no incluyan en sus programas reivindicaciones que no estén en pugna con los intereses de la clase obrera y no oscurezcan su conciencia (la conciencia del proletariado) Incluso una de las fracciones más democráticas de nuestra tendencia democrático-liberal, la fracción de los socialrevolucionarios, tiene en su programa, embrollado, como todos los programas liberales, reivindicaciones que están en pugna con los intereses de la clase obrera y que oscurecen su conciencia. De este hecho hay que deducir que es imprescindible "desenmascarar la estrechez e insuficiencia del movimiento de liberación de la burguesía", pero en modo alguno que sean inadmisibles los acuerdos temporales.
   
Por último, también la tercera "condición" del camarada Starovier (que los demócratas-liberales hagan consigna de su lucha el derecho al sufragio universal, igual, secreto y directo) es falsa en la forma general que se le ha dado: no sería razonable, en caso alguno, declarar inadmisibles acuerdos temporales y particulares con las tendencias democrático-liberales que propugnaran la consigna de una constitución limitada por los censos, una constitución "menguada" en general. En el fondo, precisamente a este caso correspondería la "tendencia" de los señores del grupo "Osvobozhdenie", pero sería miopía política, incompatible con los principios del marxismo, atarse las manos, prohibiendo de antemano los
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"acuerdos temporales" aunque fuera con los liberales más tímidos.
   
En resumen: la resolución del camarada Starovier, firmada también por los camaradas Mártov y Axelrod, es equivocada, y el III Congreso procederá de un modo razonable en caso de abolirla. Adolece de vaguedad política en su posición teórica y táctica, de casuística en las "condiciones" prácticas que exige. Confunde dos cuestiones distintas : 1) el desenmascaramiento de los rasgos "antirrevolucionarios y antiproletarios" de toda tendencia democrático-liberal y la necesidad de luchar contra estos rasgos, y 2) las condiciones para los acuerdos temporales y particulares con cualquiera de dichas tendencias. No da lo que es preciso dar (un análisis del contenido de clase del liberalismo) y da lo que no es necesario (prescripción de "condiciones"). En un congreso de partido es, en general, absurdo establecer "condiciones" concretas para acuerdos temporales, cuando no se ha presentado todavía ningún contratante determinado -- sujeto del posible acuerdo. Y aunque existiera tal "contratante" sería cien veces más racional dejar que fueran los organismos centrales del Partido quienes establecieran las "condiciones" del acuerdo temporal, como lo ha hecho el Congreso en lo que se refiere a la "tendencia" de los señores socialrevolucionarios (v. la modificación introducida por Plejánov al final de la resolución del camarada Axelrod, págs. 362 y 15 de las actas).
   
Por lo que se refiere a las objeciones de la "minoría" contra la resolución de Plejánov, el único argumento del camarada Mártov decía: la resolución de Plejánov "termina por un argumento mísero: hay que desenmascarar a un hombre de letras. ¿No será eso 'atacar a una mosca con un mazo'?" (pág. 358). Este argumento, en el que la ausencia de ideas se disfraza con la mordaz expresión de "mísero argumento", nos
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proporciona un nuevo modelo de frases pretenciosas. En primer lugar, la resolución de Plejánov habla de "desenmascarar ante el proletariado la estrechez y la insuficiencia del movimiento de liberación de la burguesía en todos los puntos en que se manifiesten esa estrechez y esa insuficiencia". De aquí que sea la más simple de las tonterías la afirmación del camarada Mártov (en el Congreso de la Liga, pág. 88 de las actas) de que "toda la atención debe concentrarse únicamente en Struve, en un solo liberal". En segundo lugar, comparar al señor Struve con una "mosca", cuando se trata de la posibilidad de acuerdos temporales con los liberales rusos, es sacrificar a la mordacidad algo que es de elemental evidencia política. No, el señor Struve no es una mosca, sino una magnitud política, y no es una magnitud por ser personalmente una figura muy destacada. El valor de magnitud política se lo da su posición, su posición de único representante del liberalismo ruso, del liberalismo con cierta organización y capacidad de actuar, en el mundo de la clandestinidad. Por eso, hablar de los liberales rusos y de la actitud de nuestro Partido respecto a ellos y no tener en cuenta precisamente al señor Struve, precisamente a "Osvobozhdenie", es hablar por hablar. ¿O quizás probará el camarada Mártov a indicarnos aunque sea una sola "tendencia liberal o democrático-liberal", en Rusia, que pueda compararse, aunque sea de lejos, en el momento actual, con la tendencia de "Osvobozhdenie"? ¡Sería curioso ver semejante tentativa!*
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"Nada significa el nombre de Struve para los obreros", decía el camarada Kostrov en apoyo del camarada Mártov. Esto, dicho sea sin molestar al camarada Kostrov ni al camarada Mártov, es un argumento a lo Akímov. Como lo del proletariado en caso genitivo[14].
   
¿Para qué obreros "no significa nada el nombre de Struve" (y el nombre de "Osvobozhdenie", citado en la resolución del camarada Plejánov junto al nombre del señor Struve)? Para los obreros que conocen muy poco o no conocen en absoluto las "tendencias liberales y democrático-liberales" de Rusia Cabe preguntar ¿en qué debe consistir la actitud del Congreso de nuestro Partido para con semejantes obreros: en encargar a los miembros del Partido que les hagan conocer a estos obreros la única tendencia definitivamente liberal que existe en Rusia, o en callar un nombre poco conocido de los obreros precisamente porque ellos entienden poco de política? Si el camarada Kostrov, después de dar el primer paso tras
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el camarada Akímov, no quiere dar el segundo, resoIverá seguramente este dilema decidiéndose por lo primero. Y en cuanto lo haya resuelto en este primer sentido verá cuán inconsistente era su argumento. En todo caso, las palabras "Struve" y "Osvobozhdenie", de la resolución de Plejánov, pueden dar a los obreros mucho más que las palabras "tendencia liberal y democrático-liberal" de la resolución de Starovier.
   
Sólo por "Osvobozhdenie" puede conocer en la práctica el obrero ruso, en el momento actual, las tendencias políticas un poco precisas de nuestro liberalismo. Las publicaciones liberales de carácter legal no sirven en este caso, precisamente por su nebulosidad Y nosotros, con el mayor celo (y ante masas obreras lo más amplias posible), debemos dirigir el arma de nuestra crítica contra los elementos de "Osvobozhdenie", para que, en el momento de la revolución que se avecina, el proletariado ruso sepa parar con la verdadera crítica de las armas las inevitables tentativas de los señores de "Osvobozhdenie" por cercenar el carácter democrático de la revolución.
   
Fuera de la "perplejidad" del camarada Iegórov con respecto al "apoyo" que hayamos de prestar al movimiento oposicionista y revolucionario, "perplejidad" que he referido más arriba, la discusión sobre las resoluciones no dio material interesante, y en general casi no hubo discusión.
   
Terminó el Congreso con unas palabras del presidente, en las que se recordó brevemente que las decisiones adoptadas en el Congreso eran obligatorias para todos los miembros del Partido.
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Termínado el análisis de las deliberaciones y votaciones del Congreso, debemos hacer ahora el resumen, para, fundándonos en todos los materiales que proporciona el Congreso, contestar a la pregunta siguiente: ¿cuáles fueron los elementos, grupos y matices que formaron, en definitiva, la mayoría y la minoría que vimos en las elecciones y que estaban destinadas a constituir durante cierto tiempo la división fundamental de nuestro Partido? Es necesario hacer un resumen de todos los datos sobre matices de principios, de teoría y de táctica que ofrecen en tanta abundancia las actas del Congreso. Sin este "resumen" general, sin un cuadro general de todo el Congreso y de todos los agrupamientos más importantes en las votaciones, estos materiales quedarán demasiado fragmentados, dispersos, pareciendo, a primera vista, que los diversos agrupamientos son obra de la casualidad, sobre todo para quien no se tome la molestia de estudiar personalmente y en todos sus aspectos las actas del Congreso (¿serán muchos los lectores que se hayan tomado tal molestia?)
   
En los diarios de sesiones del Parlamento de Inglaterra se encuentra con frecuencia la típica palabra división. La Cámara "se ha dividido" en tal mayoría y tal minoría, se
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dice hablando de la votación de un asunto determinado. La "división" de nuestra cámara socialdemócrata, en las diversas cuestiones tratadas en el Congreso, nos proporciona un cuadro, único en su género, insustituible por lo completo y exacto, de la lucha interna que se desarrolla en el Partido, un cuadro de sus matices y grupos. Para dar relieve a este cuadro, para que sea un verdadero cuadro y no un amontonamiento de hechos y pequeños hechos sin ilación, fragmentados y aislados, para poner término a las discusiones, sin fin y sin sentido, sobre las diversas votaciones (de quién votó a quién y quién apoyó a quién), he decidido intentar representar todos los tipos fundamentales de "división" en nuestro Congreso en forma de diagrama. Semejante procedimiento parecerá, se guramente, extraño a muchos, pero yo dudo de que pueda encontrarse otra forma de exposición que en efecto sintetice y formule los resultados, que sea más completa y más exacta. En las votaciones nominales se puede determinar con absoluta exactitud si este o el otro delegado ha votado a favor o en contra de determinada proposición; y en algunas votaciones importantes no nominales se ptlede determinar esto, por me dio de las actas, con gran aproximación a la verdad. Si al hacerlo se tienen en cuenta todas las votaciones nominales y no nominales en las que se trataba de puntos de alguna importancia (a juzgar, por ejemplo, por lo detallado y apasionado de las discusiones), obtendremos un esquema de la lucha interna de nuestro Partido, esquema que tendrá la máxima objetividad que es posible alcanzar con los materiales de que disponemos. Al hacerlo, en lugar de dar un esquema fotográfico, es decir, en lugar de dar cada votación por separado, procuraremos trazar un cuadro, es decir, presentar todos los tipos principales de votaciones, pasando por alto las diferen-
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cias y variedades que relativamente carecen de importancia y que sólo podrían enredar las cosas. En todo caso, cualquiera podrá, a base de las actas, comprobar cada trazo de nuestro cuadro, completarlo con cualquier votación aislada y, en una palabra, someterlo a crítica, no sólo con consideraciones, dudas e indicaciones sobre casos aislados, sino trazando otro cuadro a base de los mismos materiales.
   
Al hacer figurar en el diagrama cada uno de los delegados que tomaron parte en las votaciones, representaremos gráficamente, de un modo distinto, los cuatro grupos fundamentales que hemos ido siguiendo minuciosamente en el transcurso de todos los debates del Congreso, a saber: 1) iskristas de la mayoría; 2) iskristás de la minoría; 3) "centro", y 4) antiiskristas. En multitud de ejemplos hemos visto la diferencia de matices de principios existente entre estos grupos, y si a al guien le disgustan los nombres que les hemos dado, por recordar excesivamente a los aficionados al zig-zag la organización de Iskra y la tendencia de Iskra, les haremos observar que no se trata de nombres. Ahora, cuando ya hemos seguido los matices en todos los debates del Congreso, pueden sustituirse fácilmente los nombres ya establecidos y habituales en el Partido (pero que hieren ciertos oídos) por la característica de la esencia del matiz de cada grupo. Al hacerlo, obtendremos los siguientes nombres para los cuatro grupos: 1) socialdemócratas revolucionarios consecuentes; 2) pequeños oportunistas; 3) medianos oportunistas y 4) grandes oportunistas (grandes medidas por la escala rusa). Esperemos que estos nombres causarán menos extrañeza a los que desde hace cierto tiempo han empezadD a decir, para sí y para los demás, que "iskrista" es un nombre que sólo comprende un "círculo". y no una tendencia.
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Pasemos a exponer en detalle qué tipos de votaciones "fotografía" el diagrama adjunto (v. el diagrama "Cuadro general de la lucha en el Congreso").
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El primer tipo de votaciones (A) comprende los casos en que a los iskristas se unió el "centro", contra los antiiskristas o contra una parte de éstos. Pertenecen a este tipo la votación del programa en su conjunto (el camarada Akímov fue el único que se abstuvo, los demás votaron a favor), la votación de la resolución de principio contra la federación (todos a favor, menos los cinco bundistas), la votación del artículo segundo de los estatutos del Bund (votaron contra nosotros los cinco bundistas, y hubo cinco abstenciones: Martínov, Akímov, Brúker y Májov con dos votos, y los demás con nosotros): esta votácíón es la representada en el diagrama A. Del mismo tipo fueron luego las tres votaciones sobre la confirmación de Iskra como órgano central del Partido; la redacción (cinco votos) se abstuvo, votaron en contra en las tres votaciones dos personas (Akímov y Brúker) y, además, al votarse los motivos de confirmación de Iskra, se abstuvieron los cinco bundistas y el camarada Martínov*.
   
El tipo de votación que acabamos de examinar contesta a una pregunta de extraordinario interés e importancia: ¿cuándo votó con los iskristas el "centro" del Congreso? Cuando, con contadas excepciones, estaban también con nosotros los antiiskristas (aprobación del programa, confirmación de Iskra prescindiendo de~motivos), o cuando se trataba de declaraciones que no obligan aún directamente a determinada posición política (reconocer el trabajo de organización de Iskra no
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obliga aún a llevar a la práctica su política de organización en cuanto a los grupos particulares; rechazar la federación no impide aún abstenerse cuando se trata de un proyecto concreto de federación, como vimos en el ejemplo del camarada Májov). Ya hemos visto más arriba, al hablar de la significación de los agrupamientos en el Congreso, en general, cuán inexactamente se enfoca este problema en la exposición oficial de la Iskra oficial, que (por boca del camarada Mártov) borra y vela la diferencia entre iskristas y "centro", entre los socialdemócratas revolucionarios consécuentes y los oportunistas, ¡aludiendo a los casos en que también los antiiskristas fueron con nosotros! Incluso los más "derechistas" de los oportunistas alemanes y franceses en los partidos socialdemócratas no votan en contra sobre puntos como el reconocimiento del prográma en su conjunto.
   
El segundo tipo de votaciones (B) comprende los casos en que los iskristas, consecuentes e inconsecuentes, se unieron contra todos los antiiskristas y todo el "centro". Corresponden estos casos, principalmente, a las cuestiones en que se trataba de aplicar los planes concretos y determinados de la política iskrista, cuando se trataba de reconocer a Iskra en la práctica y no sólo de palabra. A este grupo pertenece el incidente con el Comité de Organización *, la prelación del asunto relativo a la situación del Bund en el Partido, la diso-
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lución del grupo "Iuzhni Rabochi", las dos votaciones sobre el programa agrario y, por último, en sexto lugar, la votación contra la Unión de socialdemócratas rusos en el extranjero ("Rabócheie Dielo"), es decir, el reconocimiento de la Liga como única organización del Partido en el extranjero. El viejo espíritu de círculos, anterior a la formación del Partido, los intereses de organizaciones o grupitos oportunistas y una concepción restringida del marxismo luchaban allí con la política, firme y consecuente en los principios, de la socialdemocracia revolucionaria; los iskristas de la minoría estuvieron todavía a nuestro lado en toda una serie de casos, en toda una serie de votaciones de la máxima importancia (desde el punto de vista del Comité de Organización, de "Iuzhni Rabochi" y de "Rabócheie Dielo"). . . , mientras no se trató de su propio espíritu de círculos, de su propia inconsecuencia. Las "divisiones", en el tipo de votaciones que examinamos, demuestran de un modo evidente que en una serie de cuestiones concernientes a la aplicación de nuestros principios, el centro estaba al lado de los antiiskristas, resultaba mucho más próximo a ellos que a nosotros, mucho más inclinado de hecho hacia el ala oportunista que hacia el ala revolucionaria de la socialdemocracia. "Iskristas" de nombre, con verguenza de serlo, ponían al desnudo su naturaleza, y la inevitable lucha provocaba no poca irritación que ocultaba a los espíritus menos reflexivos y más impresionables el sentido de los matices de principio que se revelaban en esa lucha. Pero ahora, cuando se ha calmado algo el ardor de la lucha y han quedado las actas como extracto objetivo de una serie de encarnizadas
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batallas, ahora, sólo quien cierre los ojos puede dejar de ver que no era ni podía ser casualidad la unión de los Májov y Iegórov con los Akímov y los Líber. A Mártov y Axelrod no les queda sino esquivar el análisis completo y minucioso de las actas o intentar, con fecha atrasada, modificar su conducta en el Congreso con toda clase de expresiones de arrepentimiento. ¡Como si con el arrepentimiento pudiera suprimirse la diferencia de opiniones y la diferencia de política! Y como si la actual alianza de Mártov y Axelrod con Akímov, Brúker y Martínov pudiera hacer que nuestro Partido, restaurado en el II Congreso, olvide la lucha que los iskristas sostuvieron contra los antiiskristas durante casi todo el Congreso.
   
El tercer tipo de votaciones del Congreso, que comprende las tres últimas partes del diagrama, de cinco (a saber: C, D y E), se caracteriza por el hecho de que una pequeña parte de los iskristas se separa y pasa al lado de los antiiskristas, que por ello mismo vencen (mientras permanecen en el Congreso). Para seguir con plena exactitud el desarrollo de esta célebre coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas, cuya sola mención inducía a Mártov a histéricos mensajes en el Congreso, citamos los tres tipos fundamentales de votaciones nominales de esta clase. C, es la votación sobre la igualdad de derechos de las lenguas (tomando la tercera de las votaciones nominales sobre este punto, por ser la más completa). Todos los antiiskristas y todo el centro se levantan como una muralla contra nosotros, y de los iskristas se separa una parte de la mayoría y una parte de la minoría. No puede verse aún qué iskristas son capaces de una coalición sólida y definitiva con la "derecha" oportunista del Congreso. Sigue la votación de tipo D, sobre el artículo primero de los estatutos (de las dos votaciones hemos tomado la más definida, es decir, la votación en que nadie se abstuvo). La coalición adquiere contor-
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nos de mayor relieve y se hace más sólida [*]: los iskristas de la minoría están ya todos al lado de Akímov y Líber; de los iskristas de la mayoría lo están muy pocos, compensando el paso a nuestro lado de tres delegados del "centro" y uno de los antiiskristas. Una simple ojeada al diagrama bastará para convencerse de qué elementos fueron los que, por casualidad y temporalmente, pasaban ora a un lado ora a otro, y cuáles iban con fuerza irresistible hacia una firme coalición con Akímov. En la última votación (E, elecciones para el Organo Central, para el C.C. y para el Consejo del Partido), que representa precisamente la división definitiva en mayoría y minoría, se ve con claridad la completa fusión de la minoría iskrista con todo el "centro" y con los restos de los antiiskristas. De los ocho antiiskristas sólo quedaba entonces en el Congreso el camarada Brúker (a quien el camarada Akímov había ya explicado su error y que había ocupado en las filas de los martovistas el lugar que de derecho le correspondía). La retirada de los siete oportunistas más "derechistas " decidió la suerte de las elecciones en contra de Mártov**.
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Hagamos ahora un resumen del Congreso, basándonos en datos objetivos sobre ]as votaciones de todo tipo.
   
Mucho se ha hablado del carácter "casual" de la mayoría de nuestro Congreso. Ese fue el único argumento con que se consolaba el camarada Mártov en su "De nuevo en minoría". El diagrama muestra claramente que en un sentido, pero sólo en uno, puede considerarse que la mayoría fuera obra de la casualidad, a saber: en el sentido de que puede decirse que los siete elementos más oportunistas de la "derecha " se retiraron por casualidad. En lo que tenga de casual esta retira da (nada más que en eso) es también obra de la casualidad nuestra mayoría. Mejor que largos razonamientos, una simple ojeada al diagrama demuestra al lado de quién hubiera estado y debiera haber estado el grupo de los siete*. ¿Pero, cabe preguntar, hasta qué punto puede considerarse la retirada de estos siete como obra de la casualidad? Esto es cosa que no gustan de preguntarse los aficionados a hablar de la "casualidad" de la mayoría. Les molesta esa pregunta. ¿Es casualidad que se retiraran los más acérrimos representantes del ala derecha de nuestro Partido, y no del ala izquierda? ¿Es casualidad que se retíraran los oportunistas y no los socialdemócratas revolucionarios consecuentes? ¿No guardará esta retirada "casual" cierta relación con la lucha contra el ala oportunista, que se sostuvo durante todo el Congreso y que con tanta evidencia se señala en nuestro diagrama?
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Basta formular estas preguntas, desagradables para la minoría, para aclararnos cuál es el hecho que se oculta tras las habladurías sobre el carácter casual de la mayoría Es un hecho indudable e indiscutible que la minoría estaba formada por los miembros de nuestro Partido más indinados al oportunismo. Constituyeron la minoría los elementos del Partido menos firmes desde el punto de vista teórico, menos consecuentes en el terreno de los principios. Formó la minoría precisamente el ala derecha del Partido. La división en mayoría y minoría es continuación directa e inevitable de la división de la socialdemocracia en revolucionaria y oportunista, en Montaña y Gironda[15], que no es de ayer, que no sólo existe en el Partido obrero ruso y que, seguramente, no desaparecerá mañana.
   
Este hecho tiene cardinal importancia para explicar los motivos y las peripecias de las divergencias. Tratar de eludir este hecho, negando o disimulando la lucha que tuvo lugar en el Congreso y los matices de principios que en ella se señalaron, significa firmarse a uno mismo el certificado de la más completa pobreza mental y política. Y para refutar ese hecho, hay que demostrar, en primer lugar, que el cuadro general de las votaciones y "divisiones" en el Congreso de nuestro Partido no es como yo lo he expuesto; en segundo lugar, hay que demostrar que, en el fondo de todas las cuestiones por las que "se dividió" el Congreso, estaban equivocados los socialdemócratas revolucionarios más consecuentes, que llevan en Rusia el nombre de iskristas*. ¡Probad a demostrar esto, señores!
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El hecho de que formaran la minoría los elementos más oportunistas, menos firmes y menos consecuentes del Partido, contesta, entre otros, a muchas dudas y a objeciones que dirigen a la mayoría gentes que conocen poco el asunto o no han pensado bastante en la cuestión. ¿No es mezquino, se nos dice, explicar la divergencia por un pequeño error del camarada Mártov y del camarada Axelrod? Sí, señores, el error del camarada Mártov fue pequeño (y yo lo señalé ya en el Congreso, en el ardor de la lucha), pero de ese pequeño error podía resultar (y resultó ) un gran daño, porque al camarada Mártov lo arrastraron a su lado delegados que habían cometido toda una serie de errores, que habían demostrado en toda una serie de cuestiones su inclinación hacia el oportunismo y su inconsecuencia en el terreno de los principios. Hecho individual y sin importancia fue el de mostrar inconsecuencia, por parte del camarada Mártov y del camarada Axelrod; pero no fue ya hecho individual, sino de partido y no por completo privado de importancia, la formación de una minoría muy significativa de todos los elementos menos firmes, de todos aquellos que no reconocian en absoluto la tendencia de Iskra y luchaban francamente contra ella o la reconocían
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de palabra, mientras que de hecho iban constantemente con los antiiskristas.
   
¿No es ridículo explicar la divergencia por el predominio del viejo espíritu rutinario de círculos y de la mentalidad revolucionaria pequeñoburguesa en el pequeño círculo de la vieja redacción de Iskra ? No, no es ridículo, porque en apoyo de ese espíritu de círculos individual se levantó todo lo que en nuestro Partido, durante todo el Congreso, había luchado por el espíritu de círculos en todas sus formas, todo lo que en general no había podido elevarse por encima de la mentalidad revolucionaria pequeñoburguesa, todo lo que invocaba el carácter "histórico" del mal de la mentalidad pequeñoburguesa y del mal de los círculos para justificar y mantener ese mal. Aún podría considerarse, quiza, como casualidad el hecho de que los intereses estrictamente de círculo triunfaran sobre el espíritu de partido en el pequeño círculo de la redacción de Iskra ; pero no fue una casualidad el hecho de que se levantaran en espesa muralla para defender ese espíritu de círculos los Akímov y Brúker, que tenían en igual aprecio (si no en más) la "continuidad histórica" del célebre Comité de Vorónezh y de la famosa "Organización Obrera" de Petersburgo[16], que se levantaran los camaradas Iegórov, llorando el "asesinato" de "Rabócheie Dielo" tan amargamente (si no más) como el "asesinato" de la vieja redacción, que se levantaran los camaradas Májov, etc., etc. Dime con quién andas y te diré quién eres, dice la sabiduría popular. Dime quién es tu aliado político, quién vota por ti y te diré cuál es tu fisonomía política.
   
El pequeño error del camarada Mártov y del camarada Axelrod siguió y podía seguir siendo pequeño mientras no sirvió de punto de partida para una firme alianza entre ellos y toda el ala oportunista de nuestro Partido; mientras, en vir-
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tud de esta alianza, no condujo a una reincidencia del oportunismo, a un desquite de todos aquellos contra quienes luchaba Iskra y que, con inmenso gozo, estaban dispuestos a desahogar toda su rabia en los partidarios consecuentes de la socialdemocracia revolucionaria. Lo ocurrido después del Congreso ha conducido precisamente a que, en la nueva Iskra, veamos justamente una reincidencia del oportunismo, el desquite de los Akímov y Brúker (v. Ia hoja del Comité de Vorónezh)[*], el entusiasmo de los Martínov, que por fin (¡por fin!) se les permitía cocear en la odiada Iskra al odiado "enemigo" por todos los viejos agravios. Esto nos demuestra con singular evidencia hasta qué punto era imprescindible "restablecer la vieja redacción de Iskra (del ultimátum del camarada Starovier, de fecha 3 de noviembre de 1903) para salvaguardar la "continuidad" iskrista. . .
   
De por sí, el hecho de la división del Congreso (y del Partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y oportunista, no sólo no representaba aún nada terrible ni nada crítico, sino ni siquiera absolutamente nada anormal. Por el contrario, todo el último decenio de la historia de la socialdemocracia rusa (y no sólo de la rusa) llevaba de un modo fatal e ineludible a semejante división. El que el motivo de esta última fuera una serie de bien pequeños errores del ala derecha, de discrepancias sin gran importancia (relativamente), es una circunstancia que (pareciendo chocante a un observador superficial y a un espíritu filisteo) significaba un gran paso hacia adelante de todo nuestro Partido en su conjunto. Antes, divergíamos por grandes problemas que, a veces, hasta podían justificar una escisión; ahora, estamos ya de acuerdo en todo lo grande e importante; ahora, sólo nos separan
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matices, por los cuales se puede y se debe discutir, pero sería absurdo e infantil separarse (como ya ha dicho con toda razón el camarada Plejánov en el interesante artículo "¿Qué es lo que no hay que hacer?", artículo del que aún hemos de volver a hablar). Ahora, cuando la conducta anarquista de la minoría después del Congreso casi ha llevado al Partido a la escisión, es frecuente encontrar sabios que digan: ¿acaso valía, en general, la pena de haber luchado en el Congreso por pequeñeces como el incidente con el Comité de Organización, la disolución del grupo "Iuzhni Rabochi", o "Rabócheie Dielo", el artículo primero, la disolución de la vieja redacción, etc.? Quien así razona* transfiere precisamente el punto de vista de círculos a los asuntos del Partido: la lucha de matices es, en el Partido, inevitable y necesaria, mientras la lucha no lleva a la anarquía y a la escisión, mientras la lucha transcurre en el marco aceptado de común acuerdo por todos los camaradas y miembros del Partido. Y nuestra lucha contra el ala derecha del Partido en el Congreso, contra Akímov y Axelrod, contra Martínov y Mártov en nada se salió de ese marco.
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Bastará, aunque sólo sea, recordar dos hechos que lo atestiguan del modo más indiscutible: 1) cuando los camaradas Martínov y Akímov se retiraron del Congreso, todos estábamos dispuestos a eliminar por todos los medios la idea de "agravio", todos adoptamos (por 32 votos) la resolución de Trotski, que invitaba a estos camaradas a darse por satisfechos con las explicaciones y a retirar su declaración; 2) cuando se llegó a la elección de los organismos centrales, nosotros concedíarnos a la minoría (o ala oportunista) del Congreso la minoría en ambos organismos : a Mártov en el Organo Central, a Popov, en el C.C. No podíamos proceder de otro modo desde el punto de vista de partido, ya que aún antes del Congreso habíamos decidido elegir dos tríos. Si no era considerable la diferencia de matices que se señaló en el Congreso, tampoco era considerable la consecuencia práctica que nosotros deducíamos de la lucha de tales matices: consecuencia que se reducía exclusivamente a la necesidad de atribuir a la mayoría del Congreso del Partido los dos tercios en ambos tríos.
   
Sóío el que la minoría del Congreso del Partido no estuviera conforme con ser minoría en los organismos centrales condujo, primero, al "blandengue lloriqueo" de intelectuales derrotados, y después a frases anarquistas y actos anarquistas.
   
Para terminar, echemos una nueva ojeada al diagrama, desde el punto de vista de la composición de los organismos centrales. Es completamente natural que, además del problema de los matices, se planteara también ante los delegados, en las elecciones, el problema de la aptitud, de la capacidad de trabajo, etc. de esta o de la otra persona. La minoría recurre ahora gustosamente a la confusión de estos problemas. Pero es evidente que son problemas distintos y lo demuestra aunque sólo sea el sencillo hecho de que, aún antes del Con-
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greso, cuando absolutamente nadie podía prever la alianza de Mártov y Axelrod con Martínov y Akímov, se proyectó la elección del trío inicial para el Organo Central. A cuestiones distintas tiene también que buscarse solución por distintos medios: al problema de los matices debemos buscarle solución en las actas del Congreso, en la discusión pública y en la votación de todos y cada uno de los puntos. El problema de la aptitud de las personas, según acordamos todos en el Congreso, había de decidirse en votaciones secretas. ¿Por qué adoptó semejante resolución todo el Congreso por unanimidad? La cuestión es tan elemental que resulta extraño examinarla. Pero la minoría (después de su derrota en las elecciones) ha empezado a olvidar hasta el abecé. Hemos oído torrentes de discursos ardientes, apasionados, excitados casi hasta la locura, en defensa de la vieja redacción, pero absolutamente nada hemos oído de los matices que en el Congreso guardaban relación con la lucha por los seis y los tres. Oímos haklar y charlar por todas las esquinas de incapacidad para el trabajo, de ineptitud, de malas intenciones, etc, refiriéndose a las personas elegidas para el C.C., pero no oímos absolutamente nada sobre los matices que en el Congreso lucharon por el predominio en el Comité Central. A mí me parece que fuera del Congreso es indigno e indecoroso hablar y charlar de aptitudes y actos de la gente (porque estos actos, en el 99 por ciento de los casos, constituyen un secreto de organización que sólo debe descubrirse a la instancia superior del Partido). Estoy convencido de que luchar fuera del Congreso por medio de semejantes habladurías significaría luchar por medio de chismes. Y la única respuesta que podría dar a la gente respecto a tales habladurías sería indicarles la lucha en el Congreso: decís que el C.C. ha sido elegido por una pequeña mayoría. Es verdad. Pero esa pequeña mayoría la
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constituían todos los que, del modo más consecuente, no de palabra, sino en la práctica, luchaban para realizar los planes iskristas. La autoridad moral de tal mayoría debe estar, por ello, muchísimo más alta aún que su autoridad formal, para todo el que tenga en más la continuidad de la tendencia de Iskra que la de cualquiera de los círculos de Iskra. ¿Quién era más competente para juzgar de la aptitud de estas o las otras personas para llevar a la práctica la política de Iskra ? ¿Los que habían aplicado esta política en el Congreso, o los que, en toda una serie de casos, habían luchado contra dicha política, defendiendo toda clase de cosas atrasadas, toda clase de morrallas, toda clase de espíritu de círculos?
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* Véase mi "Carta a la redacción de Iskra ", pág. 5, y las actas de la Liga, pág. 53.
   
* Véase pág. 140 de las actas, el discurso de Akímov : ". . . se me dice que de las elecciones para el Organo Central hablaremos al final"; el discurso de Muraviov contra Akímov, "quien toma demasiado a pecho el problema de la futura redacción del Organo Central" (pág. 141); el discurso de Pavlóvich, cuando dice que, una vez designado el Organo Central, teníamos "datos concretos con los cuales podíamos hacer las operaciones de las que tanto se preocupaba el camarada Akímov", y que, en cuanto a la "sumisión" de Iskra a los "acuerdos del Partido", no podía haber ni sombra de duda (pág. 142); el discurso de Trotski: "si no confirmamos la redacción, ¿qué es lo que confirmamos en Iskra? . . . No un nombre, sino una orientación. . . , no un nombre, sino una bandera" (pág. 142); el discurso de Martínov: ". . . Como muchos otros camaradas, creo que, al tratar del reconocimiento de Iskra como periódico de deterrninada tendencia, como Organo Central nuestro, no debemos tratar ahora de la [cont. en pág. 143. -- DJR] forma te elegir o confirmar su redacción; trataremos de ello más adelante, en el lugar correspondiente del orden del día. . ." (pág. 143).
   
* Terminó el Congreso sin que nos enteráramos a qué "asperezas" se refería el camarada Posadovski. En cambio, el camarada Muraviov, en la misma sesión (pág. 322), puso en duda que se hubiera interpretado fielmente su pensamiento, y cuando se ratificaba las actas, declaró francamente que "había hablado de asperezas que había habido en las deliberaciones del Congreso sobre diversas cuestiones, de asperezas de un carácter de principio, cuya existencia, por desgracia, es en el momento actual un hecho que nadie negará" (pág. 353).
   
* Cfr. el discurso del camarada Posadovski: ". . . Eligiendo a tres de entre los seis miembros de la antigua redacción decís por ello mismo que los otros tres no hacen falta, que están de más. Y no tenéis ni derecho ni motivos fundados para hacerlo."
   
* El camarada Mártov, en su "Estado de sitio", se ha referido a esta cuestión del mismo modo que a los demás problemas que trata. No se ha molestado en trazar un cuadro completo de la discusión. Ha pasado modestamente por alto el unico problema que, con verdadero carácter de principio, surgió en aquella discusión: ¿ternuras filisteas o elección de funcionarios? ¿Punto de vista de partido o agravio a fulano o mengano? También aquí se ha limitado el camarada Mártov a desgajar de lo sucedido [cont. en pág. 147. -- DJR] trocitos aislados y faltos de ilación, añadiendo toda clase de injurias para mí. ¡Poco es eso, camarada Mártov!
Especialmente, insiste Mártov en preguntarme a mi, por qué no se eligió en el Congreso a los camaradas Axelrod, Zasúlich y Starovier. El punto de vista filisteo en el que se ha colocado, le impide ver lo indecoroso de semejantes preguntas (¿por qué no pregunta a su colega de redacción, al camarada Plejánov?). Ve una contradicción en el hecho de que yo considere como "falta de tacto" la conducta de la minoría en el Congreso en la cuestión de los seis y en que yo exija, al mismo tiempo, que se informe de ello al Partido. No hay en este caso contradicción, según podría ver el mismo Mártov, si se hubiera tomado la molestia de exponer con ilación todas las peripecias del problema, y no partes aisladas. Palta de tacto era plantear la cuestión desde un punto de vista filisteo, apelar a la lástima y a la ofensa; los intereses de la publicidad de partido hubieran exigido que se juzgara a fondo las ventajas de los seis en comparación con los tres, que se valorara a los candidatos para los cargos, que se juzgaran los matices: la minoría no dijo ni una palabra de eso en el Congreso.
Si hubiera estudiado atentamente las actas, el camarada Mártov hubiera visto en los discursos de los delegados toda una serie de argumentos en contra de los seis. He aquí algunos puntos de estos discursos: 1) se aprecian claramente, en el antiguo grupo de los seis, rozamientos en el sentido de matices de principio; 2) es de desear que el trabajo de redacción se simplifique desde el punto de vista técnico; 3) el bien de la causa esta por encima de las ternuras filisteas; sólo la elección puede asegurar que las personas escogidas sean adecuadas a sus cargos; 4) no se pueden poner limites a la libertad de elección por el Congreso; 5) el Partido no necesita tan sólo en la actualidad un grupo literario en el Organo Central, en el Organo Central no hacen falta sólo hombres de letras, sino también admi nistradores; 6) en el Organo Central debe haber personas absolutamente determinadas, a las que conozca el Congreso ; 7) un organismo formado por seis personas es muchas veces incapaz de actuar, y su trabajo no se hace merced a unos estatutos anormales, sino a pesar de ellos; 8) el dirigir un periódico es cosa que corresponde al Partido (y no a un circulo), etc. Que trate el camarada Mártov, si es que tanto le interesan los motivos de no haber sido elegidas ciertas personas, de comprender cada una de esaf consideraciones y de refutar aunque sca una sola de ellas.
   
* Así entendió el camarada Sorokin las palabras del camarada Deich (cfr. pág. 324, "diálogo violento con Orlov") en aquella misma sesión. El camarada Deich explica (pág. 351) que "no ha dicho nada de eso", pero el mismo reconoce en seguida que ha dicho algo surnamente "parecido". "Yo no he dicho: quién se decidirá -- explica el camarada Deich --, sino: me interesa ver quienes son los que se decidirán [¡sic!] [¡el camarada Deich se corrige de mal en peor!] a apoyar tan criminal [¡sic!] proposición como es la elección de los tres" (pág. 351). El camarada Deich no ha refutado, sino que ha confirmado las palabras del camarada Sorokin. Las palabras del camarada Deich confirman que tenía razón el camarada Sorokin al censurar que "todos los conceptos estuvieran allí confundidos" (en los argumentos de la minoría a favor de los seis). El camarada Deich confirmaba cuán oportunamente había recordado el camarada Sorokin la elemental verdad de que "somos miembros del Partido y debemos proceder guiándonos exclusivamente por consideraciones políticas". ¡Gritar que las elecciones eran criminales significaba rebajarse, no sólo al espíritu filisteo, sino francamente al escándalo!
   
* Véase la presente edición, pág. 141-142. (N. de la Red.)
   
* El camarada Mártov se refiere, probablemente, a la expresión del camarada Posadovski: "asperezas". Repito que terminó el Congreso sin gue Posadovski le explicara lo que él quería decir, y el camarada Muraviov, que utilizó la misma expresión, aclaró que hablaba de asperezas de principio, que babian surgido en las deliberaciones del Congreso. Los lectores recordarán que el único caso de deliberaciones que realmente se desarrollaron en el terreno de los principios, deliberaciones en las que tomaron parte cuatro redactores (Plejánov, Mártov, Axelrod y yo), se refería al artículo primero de los estatutos y que los camaradas Mártov y Starovier se quejaron por escrito de una "falsa acusación de oportunismo", como si fuera uno de los argumentos de la "modificación" de la redacción. En aquella carta, el camarada Mártov veía claramente un nexo entre el "oportunismo" y el plan de modificar la redacción, mientras que en el Congreso se limitó a una vaga alusión a "ciertos rozamientos ". ¡Ya se había olvidado la "falsa acusación de oportunismo"!
   
* El camarada Mártov añadió además: "Quizá consintiera en hacer semejante papel Riazánov, pero no el Mártov que supongo conocéis por su erabajo". Por cuanto esto significa un ataque personal contra Riazánov, el camarada Mártov retiró sus palabras. Pero Riazanov figuro en el Congreso como tipo representativo no por ostenear eales o cuales cualidades personales (y no seria oporeuno referirse a ellas), sino por la fisonomía política del grupo "Borbá", por sus errores políticos. El camarada Mártov hace muy bien en retirar las ofensas personales, supuestas o realmente inferidas, pero por ello no deben echarse en olvido los errores políticos, que deben servir de lección al Partido. En nuesero Congreso se acusó al grupo "Borbá" de sembrar "el caos en la organización", de sembrar "una fragmentación no motivada por ninguna consideración de principio" (pág. 38, discurso del camarada Mártov). Semejante conducta política es indudablemente acreedora a la censura, y no sólo cuando la observamos en un pequeño grupo, antes del Congreso del Partido, en un período de caos general, sino eambién cuando la vemos después del Congreso del Partido, en un período en que se ha puesto fin al caos, cuando la vemos aunque sea por parte de "la mayoría de la redacción de Iskra y la mayoría del grupo 'Emancipación del Trabajo'".
   
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VI. (N. de la Red.)
   
* Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. VI. (N. de la Red.)
   
* ¿En qué se manifestaron durante el Congreso la inestabilidad, la falta de firmeza y la vaguedad de la minoría iskrista? En primer lugar, en frases oportunistas sobre el artículo primero de los estatutos; en se gundo lugar, en la coalición con el camarada Akímov y Líber, que creció rapidamente en la segunda mitad del Congreso; en tercer lugar, en la capacidad de rebajar el problema de la elección de funcionarios para el Organo Central a un nivel filisteo, a lastimeras palabras y hasta a pesquisas en conciencias ajenas. Después del Congreso, tan bellas cualidades de capullos se convirtieron en flores y frutos.
   
* Traduzco con la palabra intelectual, intelectuales, los términos alemanes Literat, Literatentum, que no sólo abarcan a los literatos, Sino a todas las personas cultas, a los representantes de las profesiones liberales en general, a los representantes del trabajo intelectual (brain worker, como dicen los ingleses), a diferencia de los representantes del trabajo manual.
Este antagonismo es de un tipo distinto al que existe entre el trabajo y el capital. El intelectual no es un capitalista. Es cierto que su nivel de vida es burgués y que se ve obligado a mantener este nivel a menos que se convierta en un vagabundo, pero al mismo tiempo se ve obligado a vender el producto de su trabajo y muchas veces su fuerza de trabajo y sufre con frecuencia la explotación por los capitalistas y cierta humillación social. De este modo, no existe antagonismo económico alguno entre el intelectual y el proletariado. Pero sus condiciones de vida y de trabajo no son proletarias y de aquí resulta cierto antagonismo en su sentir y pensar.
El proletario no es nada mientras sigue siendo un individuo aislado. Todas sus fuerzas, toda su capacidad de progreso, todas sus esperanzas y anhelos las extrae de la organización, de su actuación sistemática, en común con sus camaradas. Se siente grande y fuerte cuando constituye una parte de un organismo grande y fuerte. Este organismo es todo para él, y el individuo aislado, en comparación con él, significa muy poco. El proletario lucha con la mayor abnegación, como partícula de una masa anónima, sin vistas a ventajas personales, a gloria personal, cumpliendo con su deber en todos los puestos donde se le coloca, sometiéndose voluntariamente a la disciplina, que penetra todos sus sentimientos, todas sus ideas.
Muy distinto es lo que sucede con el intelectual. No lucha aplicando, de un modo u otro, la fuerza, sino con argumentos. Sus armas son sus conocimientos personales, su capacidad personal, sus convicciones personales. Sólo puede hacerse valer merced a sus cualidades personales. Por esto la plena libertad de manifestar su personalidad le parece ser la primera condición de éxito en su trabajo. No sin dificultad se somete a un todo determinado como parte al servicio de este todo, y se somete por necesidad, pero no por inclinación personal. No reconoce la necesidad de la disciplina sino para la masa, pero no para los espíritus selectos. Se induye a sí mismo, naturalmente, entre los espíritus selectos. . .
Al lado de Nietzsche, Ibsen es un representante destacado de la concepción del mundo del intelectual, concepción que coincide con su manera de sentir. Su doctor Stockmann (en el drama "Enemigo del pueblo") no es un socialista, como han pensado muchos, sino un tipo de intelectual que inevitablemente tiene que chocar con el movimierito proletario, y en general con todo movimiento popular, si intenta actuar en él. La razón está en que la base del movimiento proletario, como de todo movimiento democrático*, es el respeto a la mayoría de los camaradas. El intelectual típico a lo Stockmann ve en la 'compacta mayoría' un monstruo que debe ser derribado.
. . . Liebknecht fue ejemplo ideal del intelectual totalmente penetrado de sentimiento proletario, que siendo brillante escritor perdió los rasgos psicológicos específicamente intelectuales, que iba en las filas sin refunfuñar, que trabajaba en todos los puestos a los que se le mandaba, que se había consagrado por entero a nuestra gran causa y despreciaba el lloriqueo blandengue (weiches Gewinsel ) sobre lo de ahogar la personalidad, que muchas veces oimos de labios de intelectuales educados en Ibsen y en Nietzsche, cuando suelen quedarse en minoría; fue un ejemplo ideal de los intelectuales que necesita el movimiento socialista. También podemos nombrar aquí a Marx, que nunca trató de ponerse en primer plano y se sometió de un modo ejemplar a la disciplina de partido en la Internacional, donde más de una vez estuvo en minoría"**
   
* Es muy característico del confusionismo que han sembrado en todos los problemas de organización nuestros martovistas el hecho después de haber virado hacia Akímov y hacia una democracia, fuera de lugar, están al mismo tiempo irritados por la elección democrática de la redacción, elección hecha en el Congreso y prevista de antemano por todos. ¿A lo mejor es éste vuestro principio, señores?
   
** Carlos Kautsky, "Franz Mehring", ed. "Neue Zeit", XXII, 1, págs. 101-103, 1903, núm. 4. (N. de la Red.)
   
* Véase págs. 337, 338, 340, 352, etc. de las actas del Congreso.
   
* Pág. 342. Se trata de la elección del quinto miembro del Consejo. Se entregaron 24 papeletas (44 votos en total), de las cuales había dos en blanco.
   
* En el Congreso de la Liga, el camarada Mártov adujo todavía otro argumento en contra de la resolución del camarada Plejánov: "la principal razón que contra ella se levanta, el principal defecto de esta resolucion, consiste en que desconoce por completo que, en la lucha contra la autocracia, tenemos el deber de no rehuir la alianza con los elementos democrático-liberales. El camarada Lenin hubiera calificado semejante ten- [cont. en pág. 171. -- DJR] dencia de tendencia martinoviana, En la nueva Iskra se deja ya ver esta tendencia" (pág. 88).
Este pasaje es una colección de "perlas", raro por la abundancia de éstas. 1) Las palabras que se refieren a la alianza con los liberales son un solemne embrollo. Nadie ha hablado siquiera de una alianza, camarada Mártov, sino tan sólo de acuerdos temporales o particulares. Son cosas muy distintas. 2) El que Plejánov, en su resolución, nada diga de una "alianza" inverosímil, y hable sólo en general de "apoyo", no es un defecto, sino un mérito de su resolución. 3) ¿No se va a tomar el camarada Mártov la molestia de explicarnos qué es lo que caracteriza en general las "tendencias martinovianas"? ¿No va a contarnos nada de la relación que existe entre estas tendencias y el oportunismo? ¿No querrá ver la relación de estas tendencias con el artículo primero de los estatutos? 4) Yo, en verdad, ardo en impaciencia por oir decir al camarada Mártov en qué se han manifestado las "tendencias martinovianas" en la "nueva" Iskra. ¡Por favor, líbreme usted cuanto antes del tormento de la espera, camarada Mártov!
EN EL CONGRESO. EL ALA REVOLUCIONARIA
Y EL ALA OPORTUNISTA DEL PARTIDO
EL CONGRESO
   
* ¿Por qué hemos elegido para el diagrama precisamente la votación del artículo 2 de los estatutos del Bund? Porque las votaciones sobre la confirmación de Iskra son menos completas, y las votaciones sobre el programa y sobre la federación atañen a decisiones políticas concretas menos determinadas. En general, el elegir una u otra de una serie de votaciones del mismo tipo en nada modificará los trazos fundamentales del cuadro, según podrá ver todo el que introduzca las correspondientes modificaciones.
   
* Esta es precisamente la votación que representa el diagrama B: los iskristas obtuvieron 32 votos y la resolución bundista 16. Es de advertir que no hay entre las votaciones de este tipo ni una sola votación nominal. Tan sólo dos géneros de datos nos indican, con enorme grado de verosimilitud, la distribución de delegados: 1) en los debates, los oradores de los dos grupos de iskristas se declaran a favor, y en contra, los oradores de los antiiskristas y del centro; 2) el número de votos "a favor " se aproxima siempre mucho a 33. Tampoco debemos olvidar que al analizar los debates del Congreso hicimos notar, también fuera de las votaciones, [cont. en pág. 179. -- DJR] toda una serie de casos en que el "centro" se unió a los antiiskristas (a los oportunistas) contra nosotros, como sucedió al tratarse del valor absoluto de las reivindicaciones democráticas, del apoyo a los elementos oposicionistas, de la limitación del centralismo, etc.
   
* A juzgar por todo, del mismo tipo fueron otras cuatro votaciones sobre los estatutos : pág. 278, con 27 votos a favor de Fomín y 21 contra nosotros; pág. 279, con 26 a favor de Mártov y 24 a nuestro favor; pág. 280, con 27 contra mí y 22 a favor, y en la misma página, 24 a favor de Mártov y 23 a favor nuestro. Son las votaciones sobre cooptación para los organismos centrales, de las que ya he hablado antes. No hay votaciones nominales (hubo una, pero se han perdido los datos). Los bundistas (todos o en parte) tratan de salvar, por lo visto, a Mártov. Ya hemos corregido más arriba las afirmaciones erróneas de Mártov (en la Liga) sobre las votaciones de este tipo.
   
** Los siete oportunistas que se retiraron del II Congreso fueron los cinco bundistas (el Bund se separó del Partido en el II Congreso, después de que se hubo rechazado el principio federativo) y dos de "Rabócheie Dielo", el camarada Martínov y el camarada Akímov. Estos últimos se retiraron del Congreso después de ser reconocida la Liga iskrista como la [cont. en pág. 182. -- DJR] única organización del Partido en el extranjero, es decir, después de ser disuelta la "Unión de socialdemócratas rusos en el extranjero", afecta a "Rabócheie Dielo". (Nota de Lenin a la edición de 1907. N. de la Red.)
   
* Más adelante veremos que, después del Congreso, tanto el camarada Akímov como el Comité de Vorónezh, el más afín al camarada Akímov, expresaron francamente sus simpatías por la "minoría ".
   
* Nota para el camarada Mártov. Si el camarada Mártov ha olvidado ahora que iskrista significa partidatio de una tendencia, y no miemóro de un círculo, le aconsejamos que lea en las actas del Congreso cómo explicó Trotski esta cuestión al camarada Akímov. Círculos iskristas en el Con- [cont. en pág. 184. -- DJR] greso (en relación al Partido) lo fueron tres: el grupo "Emancipación del Trabajo", la redacción de Iskra y la organización de Iskra. Dos de estos tres círculos fueron tan razonables, que se disolvieron por propio acuerdo; el tercero no tuvo bastante espíritu de partido para hacerlo y fue disuelto por el Congreso. El más amplio de los círculos iskristas, la organización de Iskra (que comprendía la redacción y el grupo "Emancipación del Trabajo"), contaba en total en el Congreso con 16 delegados, de los cuales sólo once tenían voto. Iskristas por tendencia, sin pertenecer a ningún "circulo" iskrista, hubo en el Congreso, según mis cálculos, 27, con 33 votos. De modo que menos de la mitad de los iskristas pertenecía a círculos iskristas.
   
* Véase la presente edición, págs. 269-270. (N. de la Red.)
   
* No puedo menos de recordar con ese motivo una conversación que tuve en el Congreso con uno de los delegados del "centro". "¡Que cargada está la atmósfera de nuestro Congreso!" -- me decía en tono de queja --. "¡Esa lucha encarnizada, esa agitación de uno contra otro, esa polémica tan dura, esa actitud impropia de camaradas! . . ." "¡Que cosa más maravillosa es nuestro Congreso! -- le contestaba yo --. Lucha franca, libre. Se han expresado las opiniones. Se han señalado matices. Apuntan grupos. Se han levantado las manos. Se ha adoptado una decisión. Se ha dejado atrás una etapa. ¡Adelante! Muy bien. Eso es la vida. Esto no son ya las interminables y aburridas discusiones en que todo son palabras de intelectuales y que terminan, no porque se haya resuelto un problema, sino sencillamente porque la gente se ha cansado de hablar. . ."
El camarada del "centro" me miraba con ojos asombrados y se encogía de hombros. Hablábamos lenguajes distintos.